Juguemos al tabú: “violencia de género”
10 abril 2011 Dejar un comentario
La libertad de prensa, comprendida casi siempre en la libertad de expresión, cada vez se acercan más a esas partidas entre amigos en reuniones caseras alrededor del tablero del conocido juego “Tabú”. Lo peor es ver que los jugadores (medios de comunicación, profesionales de la información, políticos, lobbies y gran público) son incongruentes a cada paso que dan, a cada palabra mojan sus labios y a su pensamiento consecutivo. Hablo ni más ni menos que de la violencia de género. Tema cada vez más exagerado en extremo femenino, con leyes claramente discriminatorias y sentencias favorecedoras de la picaresca. Me resulta increíble escuchar decir con total impunidad a gente que se alegra de la muerte del torero; que defiendan la negociación con asesinos, y “legitimen” su brazo político y el caso Faisán; que defiendan a los GAL, y que amparen la incursión en guerras con material bélico, sólo por que lo dispone la ONU. Aún más increíble me resulta el doble rasero de condenar la guerra de Irak (masacre de personas como otro conflicto), aún cuándo España solamente envió equipos tácticos (ni rastro de fuerza letal), y que se escuden en dobles raseros de condenar a aquel que rompa una lanza a favor de los hombres maltratadores y “maltratadores” (aquellos productos de falsas acusaciones). Odio a esa gente hipócrita que critica chillar, pegar o matar a una mujer, pero que defiende asesinatos múltiples con bombardeos y con ventas de armas por parte de nuestro país. A todos los que no son capaces de oponerse ante una guerra, y apoyan a la ONU en una resolución arcaica y atroz. ¿Resulta que no es lícito defender un arrebato sentimental del que nadie es inmune, pero muchos se controlan, y sí apoyar la masacre a sangre fría de cientos y miles de hombres solamente por que no piensan de la misma forma que las corrientes occidentales -o de nuestro país-? Vergonzosos oportunistas. La paz y la libertad son ideas totalitarias que no pueden ser entendidas a medias so riesgo de caer en la más abrupta falacia.
Hay que decir que no soy amigo de los artistas de boquilla que salen en defensa de sus intereses, pero Carlos Goñi me suscita respeto en sus obras y actos. En su coherencia para consigo mismo.
Asimismo, recuperando el tema de este post, he decir que ya vale con la mal llamada “violencia machista”. Parece que no existe la mujer culpable, la que muchas veces provoca esta situación si las investigaciones fuesen más rigurosas. ¿Acaso la mujer no puede acosar o infligir maltrato psicológico? ¿Acaso no hay mujeres que se aprovechan de la ley en los divorcios para tener la custodia de los hijos? ¿O no ha habido mujeres despechadas que han intentado encerrar a su novio con cargos falsos? Hablar de ello, de que en los últimos años tanta noticia relacionada con estos hechos ha hecho que aumentasen no conviene. No conviene decir que los “estudios” se extienden hasta los adolescentes, que todo es fruto de la educación en casa. Estos sucesos, al igual que otra suerte de asesinatos, no desaparecen por muchos espacios que ocupen en la parrilla. Al igual que otros hecho violentos se repiten más asiduamente en la sociedad cuanto más se visionan. Para colmo de la indignación de los hombres, para sentirnos aún más culpables y delincuentes sin haber hecho nada, se abre un estéril Ministerio de Igualdad, con leyes totalmente discriminatorias. ¿Es esa la forma de igualdad que han defendido tres generaciones de mujeres? Por supuesto que no. Y menos aún sacando más de casillas a los hombres. Yo odio a las mujeres feministas, pero admiro a las que luchan por conseguir hacer ver a la sociedad que ellas son capaces de hacer las cosas tan bien o mejor que los hombres. Esa es una de las maneras de ver la vida que me gustaría que interiorizasen mis hijos: el trabajo duro día a día para conseguir lo que uno se proponga y sueñe. Eso sí, sin necesidad de herir a nadie por el camino.
La mejor forma de valorar a una mujer en su justa medida es admirarla por lo que es capaz de hacer y darle las oportunidades que merezca por ello. No por discriminar a los hombres y levantar rencillas innecesarias que sean contraproducentes para ellas. No es el camino que merecen tres esforzadas generaciones para que la mujer haya progresado tanto en una sociedad tan ‘machista’.