El futuro es para los que creen en él

Egipto ha dado a Occidente una lección que ya tenía olvidada. Aquella que nos suena a viejo de cuando lo hemos estudiado en los manuales. En aquella etapa en el colegio  que no se recuerda con agrado. La Revolución Francesa, la Independencia Americana con el Tea Party tirando las cajas al mar, y muchos más ejemplos de la reivindicación de la voluntad del pueblo.
Ser musulmán, cristiano o judío es lo de menos, al igual que ser conservador o liberal, hombre, mujer o niño. Sólo había un valor, muy, muy pequeño y humilde pero a la vez tan excelso como la mayor de las riquezas: la Libertad.

Durante más de dos semanas, los egipcios han ocupado día y noche las calles. No les ha importado el toque de queda. No han actuado con violencia. Sólo han pedido ser ellos los que decidan su porvenir. Muchos de los manifestantes eran los propios ciudadanos, pero incluso los emigrantes volvieron para ayudar a sus hermanos. Se mostraron fuertes, impasibles, y fue porque nunca dudaron del futuro que les espera por vivir. Su voluntad era infranqueable porque sabían cómo debía terminar todo: el pueblo es del pueblo. Ellos ganaron la batalla al miedo y a la dictadura, pues creían en un mañana sin contradicciones ni coartado mientras permaneciesen unidos, alzando la voz en pos de un esperanzador destino. Argelia, Túnez, incluso Marruecos esperan contagiarse del arrojo y valor de sus vecinos para dar el paso y cumplir el sueño de libertad en el que han creído durante toda su vida.

Eso es lo que falta ahora en occidente. Esa unidad por el cambio. No importa que seas de una acera o de otra, de izquierdas o de derechas, esquizofrénicos de la república y exaltados del fascismo y nacionalismo; catalanes, vascos, gallegos o manchegos. Se trata de remar en una dirección, no de ser superados por nuestros complejos. Occidente también necesita un cambio, nuestro país también, pero nosotros aún no creemos en nuestro futuro. No se trata de estar sentados en nuestra casa, desdichados por estar en el paro, por no tener la esperanza de encontrar trabajo, de ver cómo nos “mangonean” aquellos a los que hemos votado libremente y que cada vez coartan más nuestra libertad, y engordan sus bolsillos. Aquellos que se venden a empresas, y comprometen la educación de la nueva generación a ellas, perdiendo lo mejor que nos quedaba en este país: la enseñanza superior. Nosotros también debemos que decir basta. Debemos recordar que nuestro destino lo elegimos más de 20 millones de personas. Nos tenemos que hacer oír, con determinación y sin languidecer. Sin violencia, sólo con nuestros actos y con nuestras palabra. Esa es la Libertad por la que han luchado decenas de generaciones anteriores, y es la que nosotros tenemos la obligación de preservar. Ahora que hemos perdido el rumbo y nos hemos olvidado de cómo hay que hacer las cosas, Egipto nos lo ha recordado. Millones de hombres nos han vuelto a enseñar que el futuro es para los creen en él.

Juan Pedro de Frutos

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Acerca de jp.defrutos
Soy Juan Pedro de Frutos, nací el 9 de diciembre de 1986 en Madrid. Estudiante de Periodismo y Economía de la URJC (Vicálvaro), con experiencia profesional en RTVE y Grupo Negocios entre otros medios, estoy especializado en Deportes, Cultura y Economía.

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