El Beneplácito del Olimpo
26 abril 2011 Dejar un comentario
Muchas veces oiremos a lo largo de las temporadas, especialmente a partir de febrero, que el fútbol es un deporte no muy justo, y en el que es capaz de ganar cualquiera. Pero yo creo que el deporte rey no es tan arbitrario como presuponemos muchas veces. No al menos para los grandes mitos que lo practican al más alto nivel. Todas las leyendas del balompié, al ocaso de sus carreras, tuvieron la oportunidad de ser eternos, como si las meigas les ofreciesen esa gloria imborrable en forma de Iliada moderna. Unos elegidos la supieron aprovechar, otros la emborronaron como las olas del mar con su vaivén sobre los frágiles castillos de arena. De estos últimos hay muchos casos, como Zidane y su cabezazo, Maradona y las drogas, Best y el alcohol; de los primeros, muchos menos: Beckenbauer, Maldini, Puskas, Gento y sobre todo, aquel que en palabras de Miguel Muñoz “te hacía jugar con dos futbolistas por puesto”, el irrepetible Di Stefano. O quizá no tanto, pues ahí está el caso de Raúl González Blanco, con atisbos de poder alcanzar la misma oportunidad de las leyendas a las que está a la altura, en pos de un espectáculo caprichoso, que tanto tiene en común con el circo romano. En el que no siempre el mejor gladiador triunfaba, sino el que más ganas de vivir tenía.
El fútbol es pasión, es deseo, es amor (propio y extraño), es entrega, es corazón, pero sobre todo, es creer. El fútbol es Raúl. Aquello que hace poco dijo Heykens como eso que tiene el Shalke 04, pero que le falta al resto de los equipos que pugnan por campeonar el Viejo Continente. Quizá con el ‘7 blanco’ no se desdobla la plantilla titular en el campo, pero su fe y su entrega, su pasión, su deseo, su capacidad para creer en lo imposible hace que, al trasmitirla al resto de sus compañeros, sus camaradas jueguen como si fuesen 22 hombres de misma camisola, en una verde y pequeña cancha. Es aquel mismo respeto que infunden a los rivales los mitos que ganan el Olimpo. Es aquella misma oportunidad que puede ganar Raúl con ‘su’ Shalke 07, si es capaz de demostrar que, ahora más que nunca, es digno de ese designio. Si bien, lo más probable es que la leyenda de Europa capitule en Old Trafford, en el mítico ‘teatro de los sueños’, en el último de sus dos partidos contra el Manchester United; pero el 7 de Europa tiene un designio, una pequeña oportunidad cedida por el destino ante el todopoderoso bloque de Ferguson, en un feudo que alberga algunas de sus más memorables noches. Es por ello, que Raúl sabe que en Old Trafford todo es posible, porque en él se esculpen las leyendas, y conquistándolo se roza, con la punta de los dedos, la eternidad.
El mundo del fútbol, casi unánimemente, sueña con ver un imposible, con un humilde sueño hecho realidad. Esperemos que la diosa fortuna también lo quiera, pues el Shalke 07 la necesitará y mucho si quiere obrar un milagro. Algo que ni las casas de apuestas ven demasiado posible. Eso sí, si llega a la final, merecería el balón de plata o de bronce, y si la gana, el de oro que tanta justicia le haría. Es una pena que con la nueva forma de votos se lo vuelvan a llevar Cristiano o Messi, éste es el que más papeletas tiene para ello. Pues ahora es símbolo más que nunca de los más mediáticos.
PD: Pase lo que pase, Raúl será irremplazable en el madridismo por su entrega y sacrificio, y será, sin duda el mejor jugador nacido en España por décadas. Es por ello que los madridistas de corazón idolatran la casta de Juanito y su sucesor, y ven un insulto que Cristiano sea el que lleve el número más emblemático del conjunto blanco, y con el que todo jugador que lo ha vestido, siempre se ha dejado hasta la última gota de sudor en el campo.
Juan Pedro de Frutos